La bisexualidad tan estigmatizada

¿La bisexualidad tan estigmatizada? Sí. Y tan cuestionada. Y tan cuestionable o eso parece.

En ese afán de darle un porqué o porqués a todo y tratar de racionalizarlo e incluso interiorizarlo, yo, dejo de lado que solo soy un ser humano en una jungla de 8 mil millones de personas. ¿Qué me hace sentir especial? Genuinamente nada. No lo soy.

Sin embargo, también en el afán, la necesidad e incluso el reconocimiento, mi bisexualidad es uno de los cuestionamientos que me acompañan día a día.

Y es que la bisexualidad está tan estigmatizada porque parece imposible, increíble de creer que a una persona, otra vez yo, me puedan atraer física, sexual, intelectual, espiritual y mentalmente una mujer u hombre. O simplemente alguien Queer.

¿Qué es un estigma?

Partamos de eso, qué es un estigma. Pues es esa condición o característica que está desaprobado por muchos, es decir, por la mayoría. Está socialmente rechazada porque no comulga con los pensamientos o valores de la mayoría.

Por eso la bisexualidad tan estigmatizada es tan condenable y cuestionable porque muchas personas asocian a esta orientación sexual como algo degenerado o depravado porque el desconocimiento los hace creer que es un capricho que solo busca sexualizar la intimidad con mujeres u hombres.

Y no. Nada más alejado de la realidad que eso. Pero el estigma está ahí, es muy cuestionable que una persona seamos bisexuales.

La bisexualidad tan estigmatizada
La bisexualidad tan estigmatizada y cuestionada

La bisexualidad tan estigmatizada

Reconocerse bisexual requiere de mucha aceptación desde el núcleo familiar y amigos íntimos, porque sólo así cambiará la conversación practicando estos diálogos con la gente con la que nos sentimos seguros, cercanos. Y que deje de ser esa utopía que sexualiza, insisto, la bisexualidad.

En el terreno de las suposiciones he escuchado y leído de todo. Personalmente he tenido una relación de cinco años con un varón, por cierto me dejó hecho trizas, y dos relaciones románticas con mujeres. En todas las ocasiones sentí amor profundo que se fue diluyendo.

Sin embargo, y el punto es, mi madre al ser una mujer primero que nada inteligentísima y respetuosa, además de bisexualmente activa, ha sido siempre mi lugar seguro para externar mis miedos, dudas e incertidumbres.

También ha sido mi defensora porque a ciertas personas cercanas a la familia les parece ¿curioso? Que su hijo sostenga relaciones sexuales con hombres y mujeres. Mi madre no es de dar explicaciones, deja que la gente asuma y se haga trizas con sus pensamientos e ideologías. En cambio yo siempre he buscado la aceptación.

Por eso recaigo una y otra vez en el eterno diálogo de que la bisexualidad tan estigmatizada porque la he padecido, sufrido.

La bisexualidad

En esa constante y visceral manera de pensar de muchos, la bisexualidad es promiscuidad absoluta e indecisión, «cómo no eres capaz de decidir si te gustan las mujeres u hombres». Y mi repuesta es, «por qué habré de elegir sólo un género».

Lo que es un hecho, es que mi orientación sexual y preferencias personales no me definen.

Estoy en esa constante evolución y aprendizaje al mismo tiempo que por ser bisexual muchas personas se han sentido con la atribución de opinar, sin embargo respeto esa opinión pero eso sí no permito que me enjuicien solamente por esa elección.

Más allá de lo repetido, la bisexualidad no es una moda ni una época de nuestras vidas. En la mayoría de lo casos es una elección y decisión propia que permite aligerar el camino de cada uno sin que sea lo más relevante de nuestra vida, sino solo una parte.

En la diversidad encontremos nuestras coincidencias.

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