
La canción más polémica este año venía de mano de Israel. Su tema 'Push the button' era una canción protesta contra las armas nucleares, pero parte del mundo islámico la ha entendido como un ataque personalizado. La delegación eurovisiva no la descalificó, pero después de ver su puesta en escena, sí pidió al grupo Teapacks que suavice el mensaje durante su show. Igualmente fue eliminado en la semifinal.