
En los 90, Chueca dejaba de ser un distrito marginal y se afianzaba como el barrio de moda, frecuentado por la gente más "in". La palabra "GAY" dejaba de vincularse a la marica folclórica, e iban apareciendo nuevos iconos con los que verse identificado. Sin apenas darnos cuenta cambiamos lentejuelas y volantes por lycras y anabolizantes.