
Acostumbrados como estábamos al madurito cuarentón, que lejos de ponernos, nos aportaba mucha ternura, ver reaparecer en la tele a los nuevos mayordomos ha sido toda una grata sorpresa.
Con unos cuantos años menos y mucho más atractivos, estos chicos son capaces de hacer que compremos el producto aunque éste no nos convenza. Y sólo por la incertidumbre de si nos traerá a uno de ellos de regalo.