
Telecinco reparó en que aunque el personaje Aída era el más criticado por la audiencia, sus minutos en televisión atraían las miradas de todo el mundo. Xavier Sardá aprovechó el tirón entonces y la contrató como colaboradora de 'Crónicas Marcianas', en pleno declive del programa.
Aída disfrutó sobremanera esa etapa: le dejaban insultar cuando habían prohibido el mal lenguaje, encumbraban su figura y el estilo que derrochaba al bailar sin bragas... en resumen, le reían todas las gracias.
La situación se hizo casi insostenible pues el público del estudio cada vez odiaba más a la Nízar y pasaban las noches provocando su mal genio esperando que algún día metiera la pata. Y así ocurrió: Sardá se vió "obligado" a despedirla en directo tras decir a un hombre en silla de ruedas "Dios da a cada uno lo que se merece".