
Desde aquí, no podemos por menos que agradecerle que haya decidido lucir su cuerpo públicamente. Si no, no podríamos recrearnos la vista cada noche, y ver algo más allá que simples discusiones matrimoniales.
Un cuerpo aceitoso y musculado por el que muchos hombres -según el propio Rubén Sanz- le han intentado pagar y sobornar. ¿Cuánto le habrán ofrecido por esas proposiciones sexuales indecentes?