
Pasada la época de la femininidad y el desmelene, Ricky Martin fue decantándose por un estilo más cuidado y musculado y adentrándose en el mundo de la metrosexualidad.
El nuevo Ricky se subía a los escenarios con un cuerpo mucho más fibroso, unas prendas dos tallas más pequeñas de lo habitual y unas crestas y tupés de las que no se le movía un pelo y que no eran más que otra afirmación de ese lado escondido que tanto se empeñaba en ocultar.