
Ser hijo de una folclórica no es tarea fácil si se quiere adoptar una actitud masculina. En general, tener a una diva (clásica, folclórica, operística o de varietés) cerca incita a la imitación. Y el hijísimo de la Pantoja habrá tenido que contenerse muy mucho en lo que a mantillas, peinetas y postizos se refiere.
Lo hemos visto salir de un famoso puticlub hispalense, morrearse con sus novias (que todas le salen casquivanas y medio strippers, qué casualidad) en terrazas de negocios de comida rápida, pero lo que todos recordamos bien es ese amigo amanerado y cachas y la aterciopelada voz de Kiko, herencia materna. Además, para la firma de muebles (entre ellos, armarios) Tuco, el zagal se ha convertido en todo un metrosexual.