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Palomares cojos

Qué no se habrá dicho ya de este manchego de carácter agradable y cantarín. Él y nadie mejor es la encarnación del amaneramiento machorril y nos ponemos en el pellejo de su novia, que no quería que entrara en Gran Hermano por miedo a los cotilleos. Perteneciente al Clan Mirentxu, por supuesto, comparte con la madurita el gusto por el rizo bien marcado y la pasión por las cejas definidas (no hay mucho presupuesto para crema suavizante y pinzas de depilar en la casa, así que es mejor aliarse que competir).

El palomo que más cojea de la casa estuvo en el Sáhara donde, según sus propias palabras, aprendió "a valorar grandes cosas a las que aquí no damos importancia". Ahí queda eso.