
Gracias a su falta de pelos en la lengua, naturalidad y espontaneidad, Boris Izaguirre ha sabido hacerse un hueco entre nosotros, convirtiéndose en uno de los rostros más populares y a la vez más receledos de la televisión. Y su pluma (la otra) y su inteligencia le han servido para hacerse con el segundo premio del renombrado Planeta de este año.