
La imágen más turbadora y morbosa de las fiestas pueden darla esta especie de cosplayers -o crossplayers, por utilizar prendas relativas a ambos géneros- que elaboran disfraces con tanto contenido estético como erótico.
Es posible que algún despistao pueda tomarlos como unas mamarrachas, pero normalmente son los que más originalidad demuestran -y los que en el fondo también acaban ligando más que nadie-.