
En el mundo de la Fórmula 1, tan polémico y crispado como está últimamente, también hay tiempo para ciertas dosis de admiración.
Y es que mientras que los pilotos están concentrados en cruzar la línea de meta los primeros, los telespectadores se dedican a buscar el lado más morboso y excitante entre tanta tensión y velocidad.
Así, los pilotos, una veces sudorosos y otras eufóricos y bañados en champán, hacen realidad las fantasías al volante de sus fieles televidentes.