
En 1900 se comienza a tener constancia de las primeras mujeres organizadas en torno al movimiento feminista y lésbico. Entonces, la presión del sistema reprodujo no pocas herramientas para quitarles la voz y la dignidad.
Por ejemplo, en 1920 se desarrollaron campañas para prevenir la "enfermedad mental lésbica", y provocó que se las empezara a asociar con la marginación, la enfermedad y el vicio. Ante esto muchas lesbianas se aceptaron como enfermas e intentaron rechazar sus emociones casándose o suicidándose.
No obstante, a la par que se patologizaba el lesbianismo, las mujeres empezaban a destacar en sus actividades y profesiones, asociándose para dar lugar a lo que se conocería como "nueva mujer".