
Ford y Richardson hallaron la fórmula del éxito publicitario: la 'sexualización de la marca y todos sus productos'. Cuando Ford asumió el control de la moribunda Gucci a finales de los 90 consiguió revitalizar la firma italiana gracias a una sexualmente transgresora publicidad; además de sus diseños, ¡claro está!.
Pronto las firmas más exclusivas apostaron por mostrar sus diseños a través de las fantasías más sórdidas como el sadismo, el fetichismo, el masoquismo... Combinación que siempre funciona bien: lujo y sexo.