
"Hace unos tres años, estuve chateando una tarde con un tío de Barcelona en Chueca.com. Los dos nos fuimos calentando y, a pesar de que él no tenía una foto de cara, quedamos esa misma tarde. A la hora fijada, veo aparecer a un antiguo compañero de universidad. Me dije a mí mismo que no podía ser él, sobre todo teniendo en cuenta que en los años universitarios había hecho unos cuantos comentarios homófobos y hasta condenaba las fiestas universitarias como "centros de vicio y perversión".
En eso que se acerca, y efectivamente resulta que era él con quien había chateado. Tras el primer momento de sorpresa, me alegré de que ya hubiera salido del armario y se sintiera cómodo con su homosexualidad. Tomamos un café y luego nos despedimos. El morbo de la tarde chateando se había difuminado totalmente".