
Rodolfo Fo / 14-11-2007
La final del máster femenino de Madrid fue más que un partido: fue una lucha de símbolos. La chica mona y popular contra la feucha luchadora incansable, la tenista de pasarela contra la deportista "marimacho", la más deseada contra la más admirada, Maria Sharapova contra Justine Henin.
Y ganó la segunda. La número 1. La mejor del mundo. Para muchos, por su estilo de juego, es la heredera de la voluntariosa Arantxa Sánchez Vicario; para otros, connotaciones sexuales mediante, la de la gran Martina Navratilova.