
Lo mejor de todo es su nombre, que ningún experto en márketing habría ideado mejor. Es fácil de recordar, divertido y en castellano, kitsch. "Kaká" es un diminutivo habitual para los chicos que, como él, se llaman Ricardo, o también Carlos. En su caso se le empezó a aplicar de pequeño, cuando su hermano menor era incapaz de pronunciar "Ricardo".