
Les Dieux du Stade juega con la iconografía de los atletas griegos, con el ideal clásico de perfección anatómica, y le añade un toque de perversión, de voyeurismo.
Y es que, ¿a quién no le seduce la idea de entrar en un vestuario de un equipo de rugby mientras sus jugadores se están duchando después de un duro partido?