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Es ya un clásico. Estamos listos para salir y el espejo de la entrada (el último consejero al que siempre acudimos) nos revela que esos zapatos no pegan con esa camisa o que después del verano esos pantalones no nos quedan tan bien como esperábamos.
Tras veinte modelos descartados, salimos con lo que llevábamos al principio, pero con media hora de retraso. ¿Qué hacer?
Lo más importante es la naturalidad. En cuanto lleguemos a la fiesta-cena-evento, pediremos disculpas únicamente a los anfitriones (nunca al resto de invitados). Es importante saber que si somos el invitado de honor, nunca podemos dejar que llegue alguien antes que nosotros y que a eventos donde acude la realeza (una tarde de toros, por ejemplo) nadie puede llegar más tarde que la reina.