
Como no podría ser de otra forma, Paquirrín no se lleva muy bien con su familia. Es un incomprendido. No se habla ni con su abuelo ni con sus tíos paternos, y la relación con sus hermanos tampoco es muy buena.
Además, no es un buen estudiante ni ha encajado nunca en los colegios privados llenos de "pijos insolidarios" que le ha tocado conocer.
Él está mucho mejor en Sevilla, en casa de su abuela, viendo los partidos de su equipo de fútbol y yendo a la playa de vez en cuando con sus amigos. Aunque, eso sí, vigilado de cerca por los paparazzi.