
Cary Grant, obsesionado con triunfar, no podía permitirse ser carne de la prensa sensacionalista. Así que optó por la solución habitual para alejar rumores: pasar por la vicaría.
El actor se casó nada menos que cinco veces, llegando a decir que sus fracasos matrimoniales se debían a que sólo se enamoraba de las mujeres que suplían la ausencia de su madre, muerta cuando Grant era niño.
Un complejo de Edipo con un final inesperado: años más tarde el actor descubriría que su madre estaba viva y encerrada en un manicomio.