
Audrey fue de esas actrices que gustan tanto a hombres como a mujeres, heterosexuales u homosexuales. Según comenta en el libro la escritora feminista Molly Haskell "las cualidades que hacían de Audrey una mujer deseable para nosotras eran aquellas que le hacían menos deseable para las masas de hombres americanos de sangre caliente".
Hepburn era de la opinión de que "la mujer, siendo feminista, debe seguir siendo femenina y no querer convertirse en algo parecido a al hombre".